Entre 2009 y la primera mitad de 2026 el índice de precios al consumidor en Colombia subió 121%. En el mismo periodo el ingreso laboral promedio subió 189%, de unos $770.000 a $2.224.000 al mes [1]. Como el ingreso creció más rápido que los precios, el mismo ingreso compra hoy 30,6% más bienes y servicios que en 2009.
Esa cifra no dice que hoy a un trabajador promedio le alcance para todo lo que necesita. Dice cuánto cambió su capacidad de compra frente a la que tenía hace diecisiete años. Si en 2009 un ingreso promedio no alcanzaba para cubrir cierta canasta, hoy le falta menos para cubrirla, porque los precios subieron más despacio que lo que gana.
Comparar los precios con el ingreso, y no solo en pesos, cambia la lectura de la inflación. Un producto puede subir de precio en pesos y, al mismo tiempo, costar una parte menor de lo que ganamos. Eso pasó con casi todo lo que compran los hogares colombianos, aunque en proporciones muy distintas.
El economista Mark Perry popularizó para Estados Unidos un gráfico que compara el cambio de precios de varios bienes y servicios con el de los salarios. Esta es la versión colombiana, con datos de DANE. Cada línea muestra cuánto subió o bajó el precio de una categoría desde 2009, y la línea punteada marca la inflación total.
De las 15 categorías del gráfico, dos bajaron de precio en pesos. Los teléfonos cuestan hoy 86% menos que en 2009, y los equipos de electrónica y tecnología, como televisores, computadores y cámaras, 54% menos. Son los únicos dos de los 39 grupos de gasto del IPC que se pueden seguir desde 2009 que terminaron por debajo de su precio inicial [2].
Otras once categorías subieron en pesos, pero menos que el ingreso, y por eso hoy cuestan una parte menor de él. Ahí están la ropa, los planes de telefonía e internet, los carros, el arriendo y la salud. También están los alimentos, que subieron 177%, y la matrícula y pensión de preescolar y primaria, que subieron 185%, en los dos casos muy cerca del 189% del ingreso.
Las dos categorías restantes subieron más que el ingreso. La electricidad, el gas y los otros combustibles del hogar subieron 215%, y comer en restaurantes 202%.
El arriendo merece una nota aparte, porque subió 91%, menos que la inflación. Una parte de la explicación puede estar en que, mientras dura un contrato, el reajuste de cada año no puede superar la inflación del año anterior, aunque el precio con el que arranca un contrato nuevo lo pone el mercado. Cómo se ve eso en cada ciudad queda para un próximo blog.
El segundo gráfico hace explícita la comparación con el ingreso. Para cada categoría muestra cuánto más, o cuánto menos, compra hoy un ingreso promedio que en 2009 [3]. A eso lo llamo abundancia relativa.
La barra gris usa la inflación total y repite la cifra del comienzo. Desde 2009, el trabajador promedio puede comprar 30,6% más bienes y servicios con su ingreso. Por encima de ella están las categorías en las que el ingreso rinde más que en el promedio. Con el mismo ingreso hoy se compra 127% más en planes de telefonía e internet y 122% más en ropa y calzado. En recreación el aumento es de 85%, y en la compra de un carro, de 78%.
Los teléfonos no caben en la escala del gráfico. Frente a 2009, un ingreso promedio tiene hoy unas veinte veces más capacidad para comprar un teléfono. En el mismo periodo las líneas de telefonía móvil pasaron de 41 millones a casi 96 millones, unas 180 por cada 100 habitantes [4].
Por debajo del total quedan las categorías en las que el ingreso rinde menos que en el promedio. En salud rinde 22% más que en 2009, y en agua y en transporte público, 13% más. En los alimentos y en la matrícula y pensión del colegio el cambio es casi nulo, de 4% y 1%. Y en energía y restaurantes el ingreso compra hoy menos que en 2009, 8,4% y 4,5% menos.
En el primer gráfico hay una línea que al final se separa de todas las demás, la del salario mínimo. Pasó de $496.900 en 2009 a $1.750.905 en 2026. Descontada la inflación, creció 59%, casi el doble que el ingreso promedio, que creció 31% en términos reales.
El ingreso promedio es lo más cercano que tenemos a lo que paga el mercado laboral, y hasta 2025 el mínimo había crecido a un ritmo parecido, 186% frente a 177%. La brecha que se ve al final del gráfico se abrió casi toda en 2026, cuando el mínimo subió 23% y el ingreso promedio apenas 4%.
Los aumentos del mínimo también suben otros precios, por dos vías. La primera son los cobros atados al salario mínimo. Durante años muchas multas, tasas y tarifas del Estado se expresaban en salarios mínimos, así que subían cada vez que subía el mínimo. El Plan Nacional de Desarrollo de 2019 las pasó a UVT, una unidad que se ajusta con la inflación, justamente para cortar ese efecto [5]. La segunda son los costos de los negocios que pagan salarios cercanos al mínimo. Los restaurantes son el caso más claro, y sus precios subieron más que el ingreso, aunque con estos datos no puedo separar cuánto de esa alza viene del mínimo y cuánto de otros costos.
La electricidad, que es cerca de tres cuartas partes de la categoría de energía, tiene una tarifa cuya fórmula sigue en buena parte los precios al productor, y esos precios se dispararon desde mediados de 2021. A eso se sumó el cobro de las alzas que se aplazaron durante la pandemia [6]. Antes de atribuirle al mínimo el alza de la energía habría que descontar esos dos mecanismos.
Todo lo anterior compara un ingreso promedio con una canasta promedio, y eso no refleja lo distintos que son los hogares colombianos.
Los hogares gastan en cosas distintas. La comida es casi la cuarta parte del gasto de un hogar pobre y menos de la décima parte del de un hogar de ingresos altos. La energía pesa el doble en el primero que en el segundo. Los teléfonos, los planes de datos y la recreación, que es donde el ingreso más rinde, pesan más en la canasta de los hogares de mayores ingresos [7]. Por eso la inflación tampoco fue la misma para todos. Entre 2019 y 2026 los precios de la canasta de los hogares pobres subieron 56,3%, y los de los hogares de ingresos altos, 50,0%.
Los ingresos tampoco crecieron igual. Entre 2009 y 2025 el ingreso de los trabajadores formales creció 148% y el de los informales 135%, mientras el de todos los ocupados juntos creció 183% [8]. Que el promedio crezca más que cada uno de sus dos grupos solo puede pasar si cambió la composición de los trabajadores entre grupos. Y eso fue lo que ocurrió. En 2009 cotizaba a pensión el 31% de los ocupados, y en 2025 el 46% [9]. Como hoy hay más trabajadores en empleos formales, que pagan más, el promedio sube aunque ninguno de los dos grupos haya tenido un aumento tan grande. Aun así, la mayoría de los trabajadores del país siguen ocupados en actividades informales.
La pobreza también bajó en estos años. Entre 2012 y 2025 la pobreza monetaria pasó de 41,0% a 28,0%, con un salto a 43,1% en 2020 por la pandemia. La pobreza extrema pasó de 13,0% a 9,6%. La caída se vio tanto en el campo como en las ciudades. En los centros poblados y zonas rurales la pobreza bajó de 58,9% a 39,5%, y en las cabeceras de 35,3% a 24,6% [10].
Estas cifras son una pequeña muestra del progreso económico que han vivido los hogares colombianos desde 2009. Un ingreso promedio compra hoy 30,6% más que entonces, y en tecnología, ropa o carros la mejora es mucho mayor. El avance ha sido mucho menor en los alimentos, que son casi la cuarta parte del gasto de un hogar pobre y en los que el mismo ingreso compra apenas 4% más que hace diecisiete años.
[1] Los precios son el IPC de DANE, empalmado entre la reconstrucción 2009-2018 y el sistema actual. El ingreso es el laboral mensual promedio de la GEIH (serie del BID hasta 2025 y microdatos para 2026), en promedios anuales y con 2026 de enero a junio.
[2] Uso los grupos de gasto del IPC, un nivel por debajo de sus doce divisiones. Dejé por fuera el tabaco, que subió 420% por razones tributarias.
[3] La abundancia relativa es el crecimiento del ingreso dividido por el crecimiento del precio, menos uno, el mismo cálculo que hacen Gale Pooley y Marian Tupy. Uso ingreso mensual, así que mide capacidad de compra y no horas de trabajo.
[4] MinTIC. Una línea no es un teléfono ni una persona, pero da una idea de la difusión del celular.
[5] Artículo 49 de la Ley 1955 de 2019, vigente desde 2020.
[6] Es la opción tarifaria de la CREG. En septiembre de 2023 el saldo pendiente de cobro era de unos $4,9 billones.
[7] Ponderadores del IPC de DANE por nivel de ingreso. El arriendo también pesa mucho más en los hogares pobres, y como subió menos que la inflación los favoreció. La matrícula y pensión del colegio privado, al revés, pesa más en los hogares de ingresos altos.
[8] Ingreso de la actividad principal, serie del BID. Con todas las ocupaciones, el total creció 177%.
[9] BID, porcentaje de ocupados que cotizan a pensión. DANE mide la informalidad con otra definición y la ubica en 55,7% en 2025.
[10] DANE, pobreza monetaria con la metodología actualizada, 2012-2025.